Imagine un audífono que transmite el sonido a través de sus muelas. Abra los ojos y mire la imagen. Este nuevo dispositivo ya ha obtenido el visto bueno de la Comisión Europea. Se sitúa entre los dientes y, mediante la conducción ósea, es capaz de cumplir la misma función que cualquier otro aparato auditivo.
Tiene unas indicaciones muy específicas, advierte Ignacio Cobeta, jefe de servicio de Otorrinología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. "Fundamentalmente para quienes tienen una hipoacusia de transmisión, es decir, cuando la lesión se encuentra en el oído externo o medio, y por alguna razón no pueden llevar un audífono convencional (por infecciones repetidas, generalmente). No son casos muy frecuentes". El tratamiento varía en función del elemento desencadenante (algunas otitis, perforaciones de la membrana del tímpano...) y puede corregirse con medicamentos o a través de la cirugía.
Para estos pacientes, también existe otra opción: una técnica llamada Baha (Bone-Anchored Hearing Aid, sus siglas en inglés). "Consiste en implantar un audífono que queda anclado en el hueso. Se realiza una incisión en la piel, por detrás de la oreja, se coloca un vibrador en el hueso del cráneo y éste será el que transmita el sonido que recoge un micrófono externo al oído interior", explica el doctor Cobeta. "A este procedimiento es al que intenta sustituir el nuevo dispositivo (comercializado por Sonitus Medical), denominado Soundbite".
La ventaja de Soundbite es que no requiere cirugía. "El paciente lleva un micrófono en el conducto auditivo externo que recoge el sonido y lo lleva a un emisor situado detrás de la oreja. Mediante un sistema wireless (sin cables), se transmite a un vibrador que se encuentra en los molares superiores (en vez de en el hueso se coloca en los dientes). Después, el sonido vibrado se transmite por vía ósea al oído interno".
Tanto Baha como Soundbite pueden utilizarse, además, en sorderas mixtas o, lo que es lo mismo, en aquellas personas que presentan problemas auditivos tanto de transmisión (oído externo y medio) como de percepción (oído interno). Esta última es la más frecuente. "Afecta prácticamente al 100% de la población, fundamentalmente en las personas mayores por el envejecimiento del oído", señala Cristina Valor, médico especialista en Otorrino del Hospital Infanta Sofía (Madrid). En estos pacientes, cuando los aparatos auditivos 'de siempre' no funcionan, los implantes cocleares son el siguiente paso.
En realidad, señala el experto, en España se ponen pocos Bahas, "unos 80-100 al año y son muy caros. El precio ronda los 8.000 euros y seguramente el nuevo dispositivo supere el precio, ya que evita el quirófano".
Habrá quien se pregunte si este aparato puede sustituir al audífono tradicional. Como argumenta el especialista, aunque la función y los resultados son los mismos, "es más caro y más engorroso". Sólo compensa en aquellos pacientes con sordera de transmisión o moderadamente neurosensorial (de percepción) que no quieren operarse o no pueden ponerse el audífono 'de siempre' (por infecciones).
martes, 12 de abril de 2011
La Gripe Española de 1918 – La peor pandemia de todos los tiempos
Hoy en día, el HHS, calcula que el número de muertos a nivel global por causa directa de la Gripe Española ronda entre los 50 a los 100 millones. Sin embargo, este suceso fue oscurecido en notoriedad por los eventos de la Primer Guerra, y hoy en día pocos conocen o están enterados del mismo. Irónicamente, esta pandemia nivel 5, que tuvo lugar de 1918 a 1919, no sólo superó en cantidad de víctimas a la Peste Negra, sino que además incluso múltiplicó varias veces en número a los caídos por la guerra misma. En total el 2,5% de la población mundial pereció y un 20% sufrió este subtipo del virus de la gripe, científicamente denominado H1N1. De hecho, su índice de mortalidad es cientos de veces superior al de los subtipos comunes de gripe (una relación que va al 0,1% para los subtipos comunes, del 2,2% al 20% en el subtipo H1N1).
Con un desgarrador índice de contagio del 50%, y síntomas capaces de debilitar y consecuentemente matar a una persona promedio fácilmente, la enfermedad se extendió como reguero de pólvora por todo el mundo en cuestión de semanas.
Si bien el paciente cero fue registrado en Kansas, el 11 de Marzo de 1918, la enfermedad fue denominada como “Gripe Española” ya que España, al no haber estado involucrada en la guerra, fue el país que más reportó los casos de este virus. Los otros países involucrados en la guerra temían desmoralizar a la población reportando las víctimas. De esta manera, ante los ojos del mundo, España parecía ser de ser el epicentro del virus.
Varios países europeos y americanos entraron en un estado de histeria masiva, y en muchos de estos se llegó a implementar desde toque de queda hasta la detención de ciudadanos que deambularan por la calle sin protección respiratoria. Las morgues y hospitales prácticamente se abarrotaron de cadáveres, debiendo derivar el traslado de cuerpo directamente a quemaderos industriales con el fin de deshacerse rápidamente de los mismos. En el sur de los Estados Unidos, pueblos enteros desaparecieron. Solo en Octubre de 1918 más de 300 mil personas murieron en Estados Unidos a causa de la gripe. La falta de personal, tanto público como privado, llevó a que miles de empresas y servicios básicos como la luz, el agua y el teléfono fuesen interrumpidos. No obstante, la epidemia causaría muchas más víctimas per capita en Europa que en Estados Unidos, esto a causa del mejor manejo de la situación en dicho país. En Estados Unidos, y a diferencia de Europa, los enfermos eran trasladados a enormes centros de control, limitando así la posibilidad de infección de los mismos. Con el tiempo, y tras millones de muertes, la masiva pandemia fue controlada.
El siguiente video es un documental conciso de lo ocurrido, está en inglés, pero podrán ver varias imágenes del caos causado por la epidemia.
Con un desgarrador índice de contagio del 50%, y síntomas capaces de debilitar y consecuentemente matar a una persona promedio fácilmente, la enfermedad se extendió como reguero de pólvora por todo el mundo en cuestión de semanas.
Si bien el paciente cero fue registrado en Kansas, el 11 de Marzo de 1918, la enfermedad fue denominada como “Gripe Española” ya que España, al no haber estado involucrada en la guerra, fue el país que más reportó los casos de este virus. Los otros países involucrados en la guerra temían desmoralizar a la población reportando las víctimas. De esta manera, ante los ojos del mundo, España parecía ser de ser el epicentro del virus.
Varios países europeos y americanos entraron en un estado de histeria masiva, y en muchos de estos se llegó a implementar desde toque de queda hasta la detención de ciudadanos que deambularan por la calle sin protección respiratoria. Las morgues y hospitales prácticamente se abarrotaron de cadáveres, debiendo derivar el traslado de cuerpo directamente a quemaderos industriales con el fin de deshacerse rápidamente de los mismos. En el sur de los Estados Unidos, pueblos enteros desaparecieron. Solo en Octubre de 1918 más de 300 mil personas murieron en Estados Unidos a causa de la gripe. La falta de personal, tanto público como privado, llevó a que miles de empresas y servicios básicos como la luz, el agua y el teléfono fuesen interrumpidos. No obstante, la epidemia causaría muchas más víctimas per capita en Europa que en Estados Unidos, esto a causa del mejor manejo de la situación en dicho país. En Estados Unidos, y a diferencia de Europa, los enfermos eran trasladados a enormes centros de control, limitando así la posibilidad de infección de los mismos. Con el tiempo, y tras millones de muertes, la masiva pandemia fue controlada.
El siguiente video es un documental conciso de lo ocurrido, está en inglés, pero podrán ver varias imágenes del caos causado por la epidemia.
martes, 5 de abril de 2011
Un insecto volador con 300 millones de años
Científicos de Estados Unidos han logrado localizar el rastro dejado en el fango por un pequeño insecto hace unos 310 millones de años, en el Cabonífero superior. Se trataría, aseguran, de la más antigua huella encontrada de un ser vivo volador.
La impresión sobre una roca es la de un cuerpo de unos 36 milímetros de longitud y las alas sólo se ven en parte y muy levemente, pero aún así revela secretos sobre la morfología de los insectos, en un periodo del que escasea su registro fósil.
Los autores del hallazgo, de la Universidad de Tufts, creen que podría pertenecer al orden de los efemerópteros, conocidos como efímeras por la corta duración de su vida, tan solo unos días. Afirman que es de gran interés porque, además de tener alas, es de pequeño tamaño, en un momento en el que los insectos alcanzaban grandes dimensiones debido a la abundancia de oxígeno que había en la Tierra.
Así lo asegura a ELMUNDO.es Richard J. Knecht, geólogo de la Universidad de Tufts (EE. UU.) y coautor del hallazgo, publicado en la revista 'Proceedings of National Academy of Science (PNAS)'.
En su artículo argumentan que el pequeño insecto posiblemente se quedó pegado al barro, pero logró escapar. Allí dejó la huella de su cuerpo, sus alas y sus patas. Ningún rastro de pisadas que, como señala Xavier Delclós, de la Universidad de Barcelona, podrían indicar que llegó caminando.
El yacimiento fosilífero de la formación Wamsutta, al sur de Massachusetts, fue localizado por vez primera en 1929 por un estudiante universitario, que incluyó una foto del lugar en su tesis. Alli quedó olvidado su hallazgo hasta 75 años después, en 2010, cuando otro joven se topó con él y se los mostró a dos de sus profesores, Richard Knecht y Jacob S. Benner.
Desplazados al lugar, pronto comenzaron a aflorar tanto impresiones de insectos muy primitivos como algunos cuerpos fosilizados, e incluso moldes de sus dos caras. Segun Knecht tienen más de un millar, la mayoría de nuevos géneros y especies, que están pendientes de su revisión científica.
Para Declós, el hallazgo es importante porque confirma que hace 310 millones de años ya había insectos que volaban.
Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) también apunta que son muy pocos los fósiles que se han encontrado en estas circunstancias: "Tuvo que haber un sustrato de fino limo saturado de agua, pero no demasiado, sobre el que se posó el insecto y luego la huella fue cubierta por sedimento arenoso sin ser destruida", asegura.
Peñalver, sin embargo, recuerda que, aunque es la primera impresión total de un cuerpo de una efímera que se conoce, ya se han encontrado otros insectos voladores de este periodo y que el sueño de quienes se dedican al estudio de los insectos fósiles es encontrar un yacimiento con insectos del Carbonífero inferior para averiguar cómo esos pequeños bichos comenzaron a volar.

La impresión sobre una roca es la de un cuerpo de unos 36 milímetros de longitud y las alas sólo se ven en parte y muy levemente, pero aún así revela secretos sobre la morfología de los insectos, en un periodo del que escasea su registro fósil.
Los autores del hallazgo, de la Universidad de Tufts, creen que podría pertenecer al orden de los efemerópteros, conocidos como efímeras por la corta duración de su vida, tan solo unos días. Afirman que es de gran interés porque, además de tener alas, es de pequeño tamaño, en un momento en el que los insectos alcanzaban grandes dimensiones debido a la abundancia de oxígeno que había en la Tierra.
Así lo asegura a ELMUNDO.es Richard J. Knecht, geólogo de la Universidad de Tufts (EE. UU.) y coautor del hallazgo, publicado en la revista 'Proceedings of National Academy of Science (PNAS)'.
En su artículo argumentan que el pequeño insecto posiblemente se quedó pegado al barro, pero logró escapar. Allí dejó la huella de su cuerpo, sus alas y sus patas. Ningún rastro de pisadas que, como señala Xavier Delclós, de la Universidad de Barcelona, podrían indicar que llegó caminando.
El yacimiento fosilífero de la formación Wamsutta, al sur de Massachusetts, fue localizado por vez primera en 1929 por un estudiante universitario, que incluyó una foto del lugar en su tesis. Alli quedó olvidado su hallazgo hasta 75 años después, en 2010, cuando otro joven se topó con él y se los mostró a dos de sus profesores, Richard Knecht y Jacob S. Benner.
Desplazados al lugar, pronto comenzaron a aflorar tanto impresiones de insectos muy primitivos como algunos cuerpos fosilizados, e incluso moldes de sus dos caras. Segun Knecht tienen más de un millar, la mayoría de nuevos géneros y especies, que están pendientes de su revisión científica.
Para Declós, el hallazgo es importante porque confirma que hace 310 millones de años ya había insectos que volaban.
Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) también apunta que son muy pocos los fósiles que se han encontrado en estas circunstancias: "Tuvo que haber un sustrato de fino limo saturado de agua, pero no demasiado, sobre el que se posó el insecto y luego la huella fue cubierta por sedimento arenoso sin ser destruida", asegura.
Peñalver, sin embargo, recuerda que, aunque es la primera impresión total de un cuerpo de una efímera que se conoce, ya se han encontrado otros insectos voladores de este periodo y que el sueño de quienes se dedican al estudio de los insectos fósiles es encontrar un yacimiento con insectos del Carbonífero inferior para averiguar cómo esos pequeños bichos comenzaron a volar.
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